EL FACTOR SICOLÓGICO EN LA NOTICIA JUDICIAL

Resultado de imagen de crimenes con arma blanca

 

* El hombre moderno ha logrado traspasar el frío celeste con sus naves exploradoras, pero conoce muy poco de su cerebro.

* Un primer caso de tipo judicial tendrá, como Cerbero y de acuerdo con Hesíodo, muchas cabezas al reproducirse con distintos protagonistas que imitarán para buscar “celebridad”.

* La desmesurada información sobre un hecho aberrante tendrá nefastas consecuencias en mentes no preparadas para asimilarla como un evento pasajero.

 

 

 

Por Diego Rosero

LUIS CARLOS LOZANO OSPITIA

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Se desconoce a ciencia cierta, el impacto que una noticia criminal pueda afectar directa o indirectamente al televidente, al radio escucha, al lector de prensa, mucho más si se efectúa en forma sensacionalista o amarillista, donde muchas veces en forma ingenua, hacen apología al delito, creando héroes odiados, que algunos se sienten excitados a imitarlos.

Es un hecho cierto que el desarrollo de la ciencia humana ha permitido que el hombre de hoy tenga amplios conocimientos sobre diversos temas, gracias a los adelantos tecnológicos que están a la orden del día en diferentes campos y que permiten ampliar la fuente del conocimiento a niveles que hace cuarenta o treinta años parecían lejanos e imposibles.

¡Salir de la galaxia ya no nos sorprende y más cuando se encuentran nuevos planetas que podrían ser receptores de vida!

Pero toda regla tiene su excepción y a pesar de todo lo que hemos alcanzado en lo científico, aún estamos lejos de tener un amplio conocimiento del cerebro humano como motor de vida de los seres de nuestra especie.

La Sicología y la Siquiatría no se han quedado atrás en los desarrollos científicos para tratar de establecer parámetros de primer orden que permitan definir a ciencia cierta cómo funciona la mente humana y por qué somos sujetos de sorpresa cuando suelen acontecer aquellos hechos que se salen de lo normal y generan, por ende, confusión colectiva.

En ese marco de referencia, trataremos de introducirnos en el estudio de un hecho que suele presentar una “temporada” de barbarie y que muestra qué tan bajo puede caer el ser humano, con situaciones que escapan de un control pleno de las autoridades al desconocer los intríngulis siquiátricos a los que se enfrenta la mente de unos individuos que, muchas veces sin saberlo, le declaran la “guerra a muerte” a quienes tienen a su alrededor.

 

 

 

 

Asesinos en serie

 

En el campo del periodismo judicial (el que revela los sucesos de la página roja, que involucra a la muerte como eje de su tema de referencia) escrito, especialmente, hay una serie de eventos que involucran a un tipo de individuo capaz de actuar en contra de la sociedad cometiendo toda clase de crímenes que la asustan y que, por ende, reciben una publicidad inusual por sus actos.

Ellos, según Harvey Cleckley y Robert Hare, utilizan una “mascara de cordura” que no los hace sospechosos ante el resto de la comunidad que los rodea, porque saben guardar muy bien sus instintos criminales, razón por la que actuarán durante mucho tiempo, antes que exista una buen investigación judicial, cometiendo sus fechorías.

Estos asesinatos en serie reciben de los medios de comunicación una publicidad marcada, pues hay que llevar la información al público que, ávido por conocer más, será el soporte económico de la información y del medio que la publica.

Esta publicidad tiene efectos sicológicos multilaterales: Por un lado alimenta el ego del asesino, que sabe que él es el responsable de los hechos que tienen aterrada a la comunidad que lo rodea y seguirá actuando de manera continua o esporádica, al acecho de sus víctimas, mientras las autoridades definen un perfil de su modo de actuar.

El otro lado está representado por aquellos que resultan imitando al asesino inicial, dada la inusitada publicidad informativa que recibe de los medios locales y nacionales interesados en el caso y quieren convertirse en protagonistas de estas situaciones, por tener una mente que, en opinión de los expertos en el tema, resulta débil al confrontar con la realidad.

 

¿Cuándo comienza el mal?

 

He aquí la incógnita, pues aún no se tiene una respuesta que permita codificar la actitud mental de los implicados en los aberrantes casos judiciales, se orienta a saber en qué momento de la etapa de la vida de un hombre --y de algunas pocas mujeres, que representan la excepción de la regla-- su mente pierde la cordura que lo lleva a protagonizar factores extremos que rompen con la tranquilidad de la comunidad y que generan muchas víctimas, al hacerse realidad las patologías que los “destruyen” interiormente.

¿En qué momento, por ejemplo, Luis Alfredo Garavito Cubillos dio rienda suelta a su instinto violador y asesino en contra de los niños de varios departamentos del país y de Ecuador, que lo convirtieron en el primer asesino en serie de las varias listas que existen en el mundo por los 172 menores que mató en su desenfrenada y ciega carrera en contra de seres indefensos?

La nefasta publicidad que surgía tras cada cadáver de niño hallado, alentaba al asesino para continuar su orgía de sangre. Era un “premio” que, sin querer, daban los medios de comunicación en su trabajo para tener a la comunidad “informada”.

Pero, desgraciadamente, ese “cubrimiento” alentaba a otros desadaptados mentales para cometer idénticos actos en contra de los niños colombianos. Una vez cesó la búsqueda de “La Bestia” y se logró su captura por parte de las autoridades, se silenciaron los medios y bajó la “temperatura” informativa.

 

El caso Natalia

 

Recuerdo el caso de Natalia Ponce de León, atacada por un muchacho que se des adaptó mentalmente para dañarse la vida en todos los sentidos, al arrojar ácido al rostro de la joven bogotana, quien quedó desfigurada por la acción de un atacante (inicialmente) clandestino y que la tecnología ayudó a capturar en poco tiempo.

El cubrimiento informativo de este caso fue intenso. Todos los medios durante varias semanas le dieron trascendencia. Era el primer hecho de esa naturaleza que era conocido en el país y al que le daban “publicidad” a toda hora del día y en todos los noticieros.

Resultado: ese tipo de ataques se “volvió viral” , empezaron a aparecer casos similares en todo el territorio nacional. Hombres y mujeres, involucrados en hechos sentimentales, sobre todo de decepción amorosa, se volvieron protagonistas de las noticias en las que aparecía el ataque con ácido como principal medio para “cobrar” las infidelidades o que fueran reemplazadas por otra persona.

 

 

 

Información y Sicología

 

La labor de un medio es informar. Su audiencia es heterogénea y los editores no saben qué tipo de personas están leyendo, escuchando o viendo un determinado noticiero en un momento determinado. Por eso se recomienda, en muchos casos, que los menores de edad estén acompañados de un adulto responsable.

Imposible que un periodista sepa, desde el medio en el que trabaja, qué persona con una serie de patologías peligrosas está en sintonía de su noticiero y cómo será su reacción frente a un determinado hecho. Directores y jefes de redacción recomiendan prudencia en el tratamiento de una noticia. El responsable se esmera por ello. Pero “allá fuera” hay todo un mundo escondido, que tiene un buen porcentaje de buenas personas pero también a una minoría que esconde tormentos por sus desvíos mentales.

Los periodistas, al igual que los sicólogos y siquiatras, no sabemos en qué momento comienza una sicopatía peligrosa y tampoco la forma como, con nuestras noticias, alentamos su enfermedad.

Dejamos abierto el análisis y el debate para conocer más como funciona este aspecto de la vida humana.

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